domingo, 16 de junio de 2013

LA CUESTIÓN CONSTITUCIONAL CHILENA

A TODO EL QUE LE GUSTE LO QUE LEYERE, QUE LO DIVULGARA A TRAVÉS DE CUALQUIER MEDIO DISPONIBLE YO LE PIDIERE. ¡DIFUSIÓN ES PODER!

En los últimos meses, ha ido tomando cuerpo un estado de ánimo político en Chile en virtud del cual se observa un creciente rechazo a la Constitución actual del país, que se considera estrictamente necesario sustituir por otra.

De entrada, he de decir que en abstracto no me parece mal reformar la Constitución chilena, e incluso que sería partidario hasta de ir más allá, y de sustituirla por una nueva Constitución. No por nada, sino porque me parece que el sistema político de ese país es bastante mejorable, especialmente en lo que hace a la organización de la administración de Justicia. Pienso que ésta no está organizada de la forma en que cabría esperar que lo estuviese si Chile fuese realmente una democracia (para que se hagan una idea de por donde creo que deberían ir las cosas, me remito a los razonamientos que hago en los siguientes artículos: http://lascronicassertorianas.blogspot.com.es/2012/08/algunas-ideas-personales-sobre-la.html; http://lascronicassertorianas.blogspot.com.es/2012/08/algunas-ideas-personales-sobre-la_30.html; y http://lascronicassertorianas.blogspot.com.es/2012/08/como-conseguir-una-democracia-de-minimos.html).

Ahora bien, lo antedicho no quita para que servidor recele profundamente del tipo de propuestas constitucionales que están poniendo encima de la mesa últimamente los líderes políticos de la Concertación de Partidos para la Democracia (la alianza de partidos opositores a Pinochet que consiguió derrotar al general en el plebiscito de 1988, en la se incluyen formaciones tan variopintas como son la Democracia Cristiana, el Partido Por la Democracia y el Partido Socialista; y a la que han pertenecido todos los Presidentes posteriores al dictador Augusto Pinochet -con la sola excepción del actual inquilino del Palacio de la Moneda, Sebastián Piñera-). En los últimos tiempos, sectores de esta fuerza política hegemónica del Chile postpinochetista (lo es, por más que ahora no ocupe el poder) apuestan abiertamente por abrogar la actual Constitución del país, y por llamar a nueva Asamblea Constituyente. Teniendo en cuenta el precedente de Hugo Chávez en Venezuela y de los demás caudillos populistas (Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, etc.) que están siguiendo los pasos del fallecido mandatario venezolano; esta clase de llamamientos son como para echarse a temblar, porque huelen a chamusquina. Sobre, todo, es particularmente importante hacer mención de que éstos sectores de la Concertación acaban de verse sumamente fortalecidos tras la toma de posición potencialmente favorable a sus tesis que ha efectuado recientemente la ex-Presidenta Michelle Bachelet (del Partido Socialista). Aunque ésta no consideró durante su mandato (2006-2010) prioritaria la cuestión constitucional, y se caracterizó por una gestión más bien moderada (como la que han mantenido hasta ahora todos los Presidentes que ha dado la Concertación); ahora parece que, en su empeño para ganarse el voto de los sectores políticos más cercanos al bolivarianismo chavista ha decidido abanderar la radicalización de las posiciones políticas del Partido Socialista, que parece ir retornando progresivamente a las posiciones extremistas y suicidas que en su día enarboló el defenestrado Salvador Allende, aunque adaptadas al contexto geopolítico internacional del chavismo bolivarianista.

Recelo de éstas propuestas, porque los sujetos de que parten me parecen indignos de toda confianza, amén de oportunistas (quieren la ruptura que hace unos años afirmaban del todo innecesaria, y todo por ambición). No obstante, lo cierto es que tampoco me parecen de recibo las razones aducidas por los críticos con la Constitución chilena para proceder a sustituirla por la que ellos querrían.

A los elementos más claramente escorados hacia el socialismo que existen en la política chilena la actual Constitución no les puede gustar, eso es un hecho. Es una Constitución neoliberal, que por ende imposibilita el establecimiento de un Estado Social como el que existe en el continente europeo, del mismo modo que el consiguiente establecimiento de las redes clientelares mediante las cuales facilitar la retención del poder político por la minoría gobernante. Asimismo, es una Constitución eurocéntrica (y por ende ajena al multiculturalismo que forma parte de los actuales mantras de lo políticamente correcto); y es supuestamente irreformable (lo que no parece haber sido óbice para que la Constitución haya sido reformada un gran número de veces tras salir Pinochet del poder).

Ahora bien, en el fondo, todas estas características de la Constitución chilena no parecen a primera vista razón suficiente para pretender cambiar de Constitución. Porque al fin y al cabo, si la Constitución actual no les gusta, bien podrían reformarla. Ya se ha reformado muchas veces hasta el momento presente. ¿Por qué no seguir reformándola?

La razón es bien sencilla: no quieren reformar la Constitución porque saben que la dirección liberticida hacia la que querrían dirigir el país, igual que ha sucedido en los países de la órbita chavista, no contará con el necesario beneplácito del otro sector político nacional. Los conservadores chilenos no aceptarán la conversión de Chile en un Estado chavista. Y claro, los enemigos del actual régimen les acusan de obstruccionismo, de haber creado una Constitución que obliga a contar con ellos en todo caso para reformarla (aunque pierdan constamente las elecciones), y de por lo tanto impedir que el pueblo se rija por una Constitución que de verdad sea acorde a la actual conformación política de Chile.

Pero claro, en verdad, si ese fuera el único argumento que puedieran alegar en favor de su causa, sería evidente hasta qué punto quienes defienden dinamitar el actual orden politico chileno son unos antidemócratas reacios a todo consenso; e incapaces de hacer lo que deberían, si de verdad fueran demócratas: esperar a obtener el respaldo electoral necesario como para poder reformar ellos solos y sin ayuda de sus enemigos políticos la Constitución, y para hacerlo como ellos quisieran.

Razón por la que sus ataques a la Constitución no se centran en lo que realmente les importa, que es lo que dice; sino en un aspecto que no les importa, pero que les es útil sacar a colación: la supuesta falta de legitimidad del constituyente. Por eso recuerdan a todas horas que la Constitución de 1980 fue impulsada durante la dictadura pinochetista, y que por ende el referéndum a través del cual se aprobó la Constitución chilena no podía reunir las garantías necesarias como para poder ser considerado realmente valedero, y mucho menos para justificar mediante él un acto de tanta trascendencia como es el aprobar una Constitución para un país. Alegando la ilegitimidad de origen, los críticos de la Constitución matan dos pájaros de un tiro. Aunque a ellos lo que les molesta es lo que establece la Constitución (pues si esta fuese de su gusto a buen seguro no le harían ascos, independientemente de quién la hubiese aprobado), al atacarla por su procedencia pinochetista, pueden crear el estado de ánimo necesario para que acontezca una ruptura política en toda regla, para que el Gobierno disuelva la Cámara de Diputados, y para que se convoque a una Asamblea Constituyente que establezca por mayoría absoluta una nueva Constitución realmente representativa de la mayoría de la sociedad chilena. Y ahí está la clave. Si se aviniesen a reformar, es evidente que solo podrían conseguir un triunfo limitado (porque habría reformar con las que sus oponentes podrían transigir, pero jamás conseguirían el Estado chavista al que aspiran). Solo pasando por encima de los consensos anulando el actual orden constitucional les sería posible imponer las reglas de juego que ellas quieren, y garantizarse la total hegemonía política con la que sueñan, a costa claro está de reanudar el proyecto de Allende de establecimiento de una pseudodictadura más o menos encubierta, al estilo venezolano o argentino. En definitiva, que ellos sostienen que la Constitución de 1980 es ilegítima. Y el presente artículo se dedicará a esclarecer hasta qué punto ha de considerarse ese aserto veraz.

Desde mi punto de vista, la Constitución chilena de 1980 carece, al menos en su origen, de toda legitimidad popular. Así que en eso los chavistas críticos con la misma tienen razón. El referéndum mediante el que se aprobó no se celebró en un clima de limpieza, y las garantías democráticas brillaron por su ausencia.

Afortunadamente, la popular no es la única legitimidad posible, y menos en aquellos periodos de la Historia en los que los sistemas basados en elecciones, por unas razones o por otras, se vuelven del todo impracticables. Así que esa es la pregunta que yo me hago: ¿Era en Chile practicable el sistema de partidos en 1980?

Lo cierto es que no. Porque el sistema de libre confrontación de partidos no consiste tanto en que éstos compitan en las elecciones como en que confronten sus ideas y pareceres opuestos con libertad, y desde el respeto mutuo. Esto es, existiendo una voluntad de respetar el veredicto de las urnas y de no emplear medios ilícitos para la eliminación del contrario. Tal voluntad no existe nunca entre los totalitarios, pues si exisitiese no serían tales. Y los partidos que constituían la Unidad Popular (la coalición por la que Salvador Allende accedió en 1970 a la Presidencia) eran totalitarios de tipo marxista-leninista, por lo que ya podemos imaginarnos el especial concepto que tenían ellos de las relaciones con las demás formaciones políticas. Si no nos basta con la imaginación, repasemos brevemente los hechos. Salvador Allende ascendió a la Presidencia solo porque se avino a pactar con el Partido Demócrata Cristiano un Estatuto de Garantías Democráticas que se insertó en la Constitución chilena de 1925 con el objeto de salvaguardar los derechos fundamentales de los chilenos. Tras hacer esto, recibió el apoyo de la Democracia Cristiana para su investidura por la Cámara de Diputados (que fue necesaria porque Salvador Allende accedió a su cargo con solo una mayoría relativa de apenas el 36'6% del voto popular). Posteriormente, él mismo reconoció haber pactado sin ninguna intención de darle cumplimiento a lo que se pactó. Por razones puramente tácticas. En definitiva, y sin enrollarnos, que la Unidad Popular y Salvador Allende fueron los únicos culpables del fin del sistema de partidos chileno, y los que dieron las razones suficiente a los militares para que, una vez dieron el golpe de Estado -bendecidos por una Cámara de Diputados que menos de un mes antes había declarado expresamente que Allende pretendía instaurar una dictadura totalitaria de corte socialista-, se procediese a hacer un alto en el sistema de partidos.

Así pues, queda claro que en mi opinión el régimen pinochetista quedó legitimado política e históricamente hablando por las circunstancias excepcionales de quiebre de la convivencia generados por el Presidente Allende. Luego, si el régimen pinochetista era legítimo, esto significa que su Constitución forzosamente también debía de serlo, por más que no hubiese sido apoyada por el pueblo (con cuyo derecho a decidir llega un momento en que uno, si quiere sobrevivir, puede tener que limpiarse el pandero, como fue el caso).

Visto todo lo anterior, pasamos a otro punto. Hemos quedado en la legitimidad de la Constitución de Chile, pese a la falta de consentimiento popular. Pero también es cierto que lo normal en un sistema que se basa en elecciones, por su propia esencia, es que dicho sistema se estructure en torno de algún tipo de juridicidad respaldada por el pueblo. Los que niegan valor, al menos para fundamentar el actual sistema de partidos, a la Constitución de Pinochet, lo hacen partiendo de la idea de que ésta no fue aceptada por el pueblo. Y cierto es que no fue aceptada por éste. Al menos en origen. Mas tampoco eso importa tanto, dado que las legitimidades pueden adquirirse, aun cuando no se posean de inicio.

En el caso de la Constitución chilena, sin duda en su origen no podía decirse que hubiera recibido el aval del pueblo. Sin embargo, a lo largo del tiempo el pueblo ha aceptado tácitamente la Constitución en gran número de ocasiones. La Constitución ha sido expresamente aceptada una vez finalizado el régimen pinochetista por los gobernantes electos. Especialmente digno de remarcar es el hecho de que tales gobernantes han pertenecido todos ellos con la excepción del actual (Sebastián Piñera) a la Concertación. Me parece que es un hecho nada baladí. Los gobernantes antipinochetistas han avalado la Constitución al aceptar tomar parte en un juego que se ha desarrollado bajo sus reglas. Hasta ahora no se les había ocurrido que la Constitución fuera ilegítima. Y cuando no les ha gustado, la han cambiado. Dicen que no la han podido cambiar como ellos habrían querido, porque están obligados a consensuar los cambios con su contraparte política conservadora. Pero lo cierto es que se han efectuado cambios con chicha (como la eliminación de los Senadores designados). Y que pretender efectuar los cambios sin tener en cuenta a una minoría tan grande como es la conservadora (que es tan grande, insisto, que ha conseguido hasta volverse mayoría en las últimas elecciones presidenciales que ganó Piñera) es lisa y llanamente pretender dar carpetazo a la democracia que se dice defender. Al final, es de aplicación la doctrina llamada aquí en España de los actos propios. No puede uno actuar en contra de los propios actos. No es aceptable que la Concertación acepte tácita y hasta expresamente gobernar Chile sometida a la Constitución aprobada por el régimen de Augusto Pinochet; que gobierne bajo la antedicha ley fundamental el país durante una generación; y que justo ahora (cuando la Concertación, por otro lado, es menos poderosa que nunca, y más poderoso es el linaje político de los sucesores ideológicos del pinochetismo) sea cuando se propone tirar por la borda todo el legado del general. Que esto lo haga una misma formación ya es llamativo. Pero que lo haga una misma persona, que además ha gobernado el país, como es el caso de Michele Bachelet, es sencillamente una tomadura de pelo a todos los chilenos, de la misma manera que una irresponsabilidad que espero no tenga que ser estudiada el día de mañana como el chispazo que prendió la mecha de los acontencimientos que llevaron al próspero Chile de comienzos del siglo XXI (un auténtico modelo en todos los sentidos para Hispanoamérica, por más que es verdad que puede mejorar) al empobrecimiento, al populismo, y quizá hasta a la guerra civil que ni siquiera en los convulsos años setenta llegaron a vivir.

Termino este artículo enviando mis mejores deseos y parabienes a todos los chilenos de bien, a los que envidio porque en su país está echado el cerrojo al asensinato diario de niños con que los gobernantes de mi país, España, madre patria del país del que hoy me ocupo, se manchan las manos de sangre. Espero que Dios guarde a Chile de todas estas veleidades bolivarianas que los acechan. Que con un diablo al frente del país como fue Salvador Allende ya tuvieron más que suficiente. Así que no necesitan a otra diabla como se ve que es la no menos roja Michele Bachelet. He dicho.

IESVS HOMINVM SALVATOR

jueves, 6 de junio de 2013

ELEGÍA QUE LE DEDICO A UN HOMBRE QUE MERECE MI LLANTO

A TODO EL QUE LE GUSTE LO QUE LEYERE, QUE LO DIVULGARA A TRAVÉS DE CUALQUIER MEDIO DISPONIBLE YO LE PIDIERE. ¡DIFUSIÓN ES PODER!


Lo que ustedes van a leer lo escribí ayer en medio de un contexto realmente triste, y creo que vale la pena pasarlo con mínima modificaciones a mi blog. El protagonista merece por lo menos eso. Dios lo tenga en su gloria. RIP

Recién levantado hace no mucho para desayunar antes de irme a enfermería a estudiar, mi padre me ha sorprendido con la nefasta, terrible y desgarradora noticia de la muerte de Paco, el portero de uno de los dos portales anexo al nuestro y nuestro fontanero de toda la vida. Murió el día 2 y lo enterraron el 3. Demasiado aprisa sucedió todo, así que no pudimos ni siquiera asistir a su entierro. Paco era amigo de la casa, y ha estado presente en mi vida y en la de mis hermanos desde antes incluso de que naciésemos. Es una de las personas que más he admirado de todas las que he conocido. Que partiendo de lo más bajo llegó a alzar el vuelo muy alto. Trabajando y sufriendo como la gran mayoría de nosotros no trabajaremos ni sufriremos jamás, ni siquiera aunque nuestra vida nos fuera en ello.

Si hubiera sido otra clase peor de hombre, habría tenido sus buenos motivos para hacerle ascos a la vida. Muchos que no se han esforzado ni la mitad que él permanecen amargados hasta el fin de sus días, porque permiten que el peso del mundo aplaste su espíritu. Paco no. Si hay un recuerdo de este grandísimo hombre que me llevaré a la tumba es su inquebrantable buen humor, la gracia que sabía sacarle a todo, y los buenos ratos que pasamos en casa el año pasado cuando hicimos obra y nos cambió los dos cuartos de baño mientras le andaba toreando a mi padre (que hay que tener mucho arte para hacerlo y que además te salga bien, y él lo tenía).

Hasta hoy me quería dejar bigote para parecer un sureño confederado. Ahora tengo una razón mejor. Ahora puedo dejárme el mostacho para parecerme un poquito más a uno de los seres humanos más nobles que he tenido el gusto de conocer en vida. Y con más sentido común.

A mi padre la noticia le ha dejado fatal. A mi también. Y lo mismo pasará cuando el resto de la peña se entere de la infausta noticia, que todavía no se les ha podido comunicar. No puedo evitar que me caigan las lágrimas mientras escribo estas líneas pensando que no volveré a saludar a Paco nada más salir de mi casa al cruzar enfrente de su portal.

En este duro momento, mi pensamiento en este momento va para Paco, y para el Dios que lo recompensará por la grandeza de corazón y la humildad con la que Paco ha vivido los días que se le concedieron. No son palabras vacías. Era un hombre que jamás daba la sensación de darse cuenta, cuando hablaba con uno de su vida, de lo extraordinarias que eran las cosas que había conseguido. De su boca jamás oi que saliese chismorreo alguno, ni comentario que pretendiese dejar a nadie gratuitamente en mal lugar. De casi nadie se puede decir otro tanto.

Iba a despedirme de Paco diciéndole adios. Pero prefiero hacerlo con un "hasta luego, y gracias". Le digo "hasta luego", porque estoy seguro de que, si me conduzco en esta vida como un hombre digno, es casi seguro que nos volveremos a ver. Y que si eso sucede ya no habrá separación que interrumpa una compañía mutua que en esta vida ha finalizado demasiado pronta y abruptamente, para mi gusto (joder, apenas era de la edad más o menos de mi propia madre; y que se sepa gozaba de aceptable buena salud). Y le doy las gracias por haber vivido y por habernos servido de ejemplo de fortaleza a todos los que le hemos conocido, además de alegrarnos la vida. Todo sea dicho, no es Paco el único al que le estoy agradecido. También le estoy agradecido a Dios por haber creado un mundo en el que, pese a todas las malas noticias de las que nos enteramos todos los días, todavía es posible vivir para conocer a gente como Paco.

PD: Gente como Paco que es una prueba viviente de la existencia de Dios. Porque es gente que te hace darte cuenta de lo inaceptable que es ese pensamiento en función del cual más allá de la muerte todos quedamos igualados en la nada, independientemente de cómo hayamos vivido. Se hace inevitable pensar que para que haya Justicia es imprescindible que las personas como Paco obtengan algún tipo de beneficio en pago de lo bien que vivieron, mientras que las personas como Miguel Carcaño obtengan algo diferente y peor que les produzca acusado perjuicio. Y cuando hablo de un beneficio, me refiero a algo tangible y duradero, y no al recuerdo agradecido de los vivos (que es algo que, al fin y al cabo, el muerto no va a disfrutar, y que además se agotará con el tiempo una vez termine la vida de los que lo conocieron). Se me viene a la cabeza eso que los cristianos llamamos Paraiso. Sobre todo, se hace inevitable pensar todo lo antedicho porque en realidad todos, de manera intuitiva, percibimos que hay modos correctos de vivir y modos incorrectos de hacerlo. Pretender que la muerte nos iguala a todos es negar la intuición más natural del hombre, y considerarla mera deformación cultural. No es posible demostrar que tengo razón. Pero tampoco aceptaré que ningún ateo venga a explicarme con condescendencia que la religión es un capricho arbitrario del intelecto cuya única finalidad es hacer de mentira piadosa que ayuda a reunir el valor necesario para afrontar la cruda realidad de la vida. Sobre todo, no aceptaré sin oposición que se me trate de capullo que se autoengaña por creer en Dios y en la vida de ultratumba porque que se sepa nadie (excepto Cristo para los que creemos en Él) ha vuelto de la muerte para decirle a los vivos que se supone que hay al otro lado. La Justicia con mayúsculas (que es la única que a mi me vale) depende de que haya Algo más allá de la muerte. Y puede creerse que la Justicia con mayúsculas (la objetiva, la que no está sujeta a los vaivenes de la opinión voluble de los seres humanos) tiene que existir, o puede no creerse. Mas en ningún caso podrá sostenerse que creer en ella sea una ridiculez. He dicho.

LIBERTAD, JUSTICIA Y FELICIDAD

[Antes de leer este artículo, échenle un vistazo a este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=3QAekd5A1iI]

Quien me oye decir que soy libertario y lee como despotrico contra el Estado social puede creer, cuando publico enlaces como los que aquí os dejo (http://infocatolica.com/blog/coradcor.php/1306061207-el-dia-menos-pensado-el-papa-6#more20488) que soy un tanto contradictorio. Y sin duda, en muchas facetas de mi vida, soy bastante poco coherente. Pero no es una de esas facetas la del pensamiento. Creo que mis ideas están bastante bien cimentadas. Creo en la Justicia y creo en la Libertad. Pero no en pie de igualdad. Primero va la Justicia. Donde para que podamos convivir sea estrictamente necesario imponer ésta a toda costa, a la mierda es a donde yo mando a la Libertad. Mas, pese a la grave afirmación que acabo de proferir, me sigo reafirmando como libertario.

Pienso que son pocos los ámbitos de la vida humana en sociedad en los que puede requerirse que la autoridad (tan denostada por los anarquistas, tanto los de extracción comunista como los de procedencia capitalista) haga justa utilización de sus poderes con el fin de preservar la convivencia en sociedad o la supervivencia de ésta frente a las sociedades enemigas -que, por más que digan algunos papanatas, son potencialmente todas las ajenas a la nuestra y lo seguirán siendo en tanto que la Humanidad no conforme una única comunidad-. Y por ende, son pocas las ocasiones en las que haya verdaderamente ocasión de coartar y cercenar usos de la Libertad que realmente resulten lo suficientemente lesivos para la consecución de los objetivos antedichos (que son los que realmente justifican la misma existencia de la autoridad política).

Y soy libertario porque pienso que, fuera de las actuaciones verdaderamente imprescindibles del poder público, éste debe abstenerse de toda clase de intervención en la vida social. El poder no debe aspirar (pese a que es un hecho que puede hacerlo, y de hecho lo hace) a modelar la vida social. Por respeto a la dignidad de los seres humanos. Que, para bien y para mal, deberían de ser en lo esencial los dueños de su propio destino. Ese destino podrá ser mejor o peor, tanto en términos materiales como en los demás términos que pueden contribuir a la felicidad de las personas en esta vida. Pero no creo que sea asunto de que el Estado procure garantizarnos la Felicidad, por dos razones esenciales.

Primero, porque no puede hacerse cargo materialmente de dichas tareas. Solo puede hacerlo friéndonos a impuestos y endeudándose con Estados extranjeros (que son peligrosos acreedores, en tanto que algún día reclamarán su dinero, y no dejarán de hacerlo porque en no devolverlo vaya nuestra prosperidad material, que a ellos les importa una putísima mierda -y no podemos echarles en cara que así sea; y más a países como China, banquero del Occidente opulento, al que, siendo evidente que le da igual el bienestar de su propia gente, no le va a interesar más el de extraños como a sus ojos somos nosotros-). Eso es lo mismo que decir que no puede hacerlo, porque la cosa tendría sentido si pudiera hacerse sin ayuda. Tú puedes andar cuando te basta con tus propios esfuerzos para levantarte y moverte de un lugar a otro. En el momento en que resulta que te tienen que ayudar a levantarte, malo. Y al Occidente actual hay que levantarlo y llevarlo en volandas, pero no precisamente como sucede con los bebés (sino más bien como sucede con borrachos y yonquis).

Segundo, porque aunque pudiera hacerse cargo de esas tareas, y las llevase a cabo, el Estado no podrá ir más allá de lo material, y la Felicidad del individuo depende de algo más que de los factores materiales, por más que éstos sean importantes. No solo eso, sino que además un Estado empeñado en cargarse sobre las espaldas todo el trabajo necesario para "garantizar" (mal que bien, como ya se ha visto) la Felicidad de los ciudadanos le obliga a cercenar la Libertad de éstos, para evitar que utilizando esa Libertad dichos ciudadanos "la caguen" y perjudiquen sus propias opciones de Felicidad en su vida terrenal. Un Estado así nos condena a la perpetua minoría de edad, y nos castra tanto física como mentalmente, impidiéndonos desarrollar nuestras mejores capacidades al procurar evitar a toda costa que nos valgamos por nosotros mismos. Lo que, paradójicamente, puede hasta favorecer un sentimiento de frustración individual y colectiva que no contribuye a la consecución del ideal a que se supone que aspira esta clase de Estado, que hoy llamamos Estado Social (yo lo llamo Estado Felizonia -en homenaje al planteta al que los de la secta de los "movimientarios" que aparece en un capítulo de los Simpsons querían llevar a los prosélitos echos por su ridículo credo pseudomormónico-). Tan simple como que a la gente no le gusta sentirse inútil. Y tan peligroso. Porque cuando los individuos que integran una determinada sociedad ven cercenadas sus capacidades de supervivencia, la sociedad en la que se da este triste fenómeno es una sociedad cuyas posibilidades de resistir la presión de las sociedades enemigas se viene abajo, lo que aumenta la probabilidad de que por pretender garantizar la comodidad de los ciudadanos se acabe consiguiendo que, tras una conquista extranjera (concepto que hoy nos suena a chino, pero que quizá más temprano que tarde volvamos a sufrir en carne propia), éstos se conviertan en súbditos de tercera clase en el seno de una sociedad que habrá devorado a la suya y habrá privado a los componentes de la sociedad devorada de todo derecho más allá del de trabajar en condiciones que rondarán la servidumbre (si es que no suponen esclavitud propiamente dicha) para el provecho de los conquistadores, presumiblemente musulmanes ayudados por la cada vez más gruesa quinta columna instalada en nuestra propia tierra.

¿Todo lo dicho significa que a mi me de igual la Felicidad de la gente? ¡Por supuesto que no! Y al Estado tampoco debe darle igual esa Felicidad. Peor que un Estado imbécil que todo te lo pretende dar hecho es un Estado indiferente en el que a las autoridades se la pelan del todo las necesidades y deseos de su propio pueblo. Y no digo ya un Estado totalitario y cruel en el que se busca activamente hacer de la vida de sus esclavos (pues son eso quienes viven en esos Estados más que otra cosa) un auténtico Infierno sobre la Tierra, privándolos de ser posible hasta del menor momento de alegría verdadera no planificada de antemano por nadie.

Se necesita un Estado que no se cargue pesos que no es posible ni sano transportar (buen símil éste último, pues a veces, incluso aunque tengas la fuerza necesaria como para cargar un gran peso, no debes hacerlo porque la machada solo sirve para perjudicar tu salud). Pero que no por ello deje de ayudar en nada a la gente. Yo, como libertario, pienso que se necesita un Estado libertario, que por ende se asiente sobre sólidos principios políticos de respeto a la Libertad. Que no deje hacerlo todo, y que no tenga miedo a prohibir cosas que antes no se han prohibido (como el comercio con quienes compiten desleal e inmoralmente mediante la utilización del trabajo esclavo en países del Tercer Mundo; o las artimañas jurídicas mediante las cuáles el gran capital busca evadir impuestos incluso cuando éstos no son abusivos), pero que a la vez nos libere de muchas cadenas irrazonables que hasta ahora han impedido que demos rienda suelta a toda nuestra potencialidad creativa (como las que impone la actual concepción de la fuerza vinculante de los convenios colectivos; la regulación inmotivada de actividades económicas en cuyo desarrollo puede ir el nivel de prosperidad de la sociedad, pero no la vida de ésta; o la imposición de una legislación tan tuitiva de los derechos de los trabajadores como para ahuyentar a un empresariado que es, casi sin excepción, el único que puede realmente convertir a aquellos en tales). Lo que tengo por cierto que implicaría un número mucho más elevado de viejas cadenas rotas que de nuevas cadenas impuestas. Un Estado que viva, y que deje vivir al ciudadano como quiera en la medida en que su forma de vivir no comprometa la propia vida del Estado, garante de la supervivencia de la comunidad humana separada de las demás a la que representa.

Cuando tengo que hablar del Estado que a mi me gustaría no puedo evitar que se me vengan a la cabeza los EEUU. No porque piense que esa gran nación es la República libertaria que a servidor le gustaría que fuese (están lejos de serlo, y bajo unas cuantas administraciones más como la del Presidente Hussein perderán practicamente toda posibilidad de convertirse en algo que se le parezca). Pero si porque son el modelo más parecido que hoy existe, y en cierto modo, porque marcan el camino a seguir en un aspecto que es fundamental. El relativo a lo que es la definición de cuál ha de ser la relación que exista entre el Estado y la Felicidad de los que se someten al imperio de éste. Ya lo dice la misma Declaración de Independencia al enumerar los derechos inalienables de los seres humanos. Se habla del derecho a la Vida (Life), del derecho a la Libertad (Liberty), y del derecho... ¿De qué otro derecho? No es el derecho a la Felicidad (Happiness). No se habla de proporcionar la Felicidad a los ciudadanos, ni de negársela. Pero tampoco se muestra indiferencia ninguna hacia las aspiraciones tan legítimas y hasta saludables que los ciudadanos puedan albergar en relación a la posibilidad de alcanzar la Felicidad más plena posible en su vida terrenal. No señor, nada de eso.

El que se menciona es el derecho a la Búsqueda de la Felicidad (Pursuit of Happiness). Esto es, a establecer un marco en el que sea posible que el ciudadano busque libremente el camino que ha de llevarlo a la felicidad terrena, sin garantizarle no obstante éxito en la consecución de la misma. Puede que en los EEUU no exista el marco más indicado para que éste derecho se haga efectivo, pero desde luego parece evidente que ellos, al menos, si que son conscientes de la existencia del derecho en sus justas proporciones. Ni sucede como en Europa, donde se sobredimensiona este derecho al pretenderse garantizar la Felicidad de los ciudadanos (en la teoría, en la práctica no creo que esa sea la motivación de los gobernantes); ni sucede como en Venezuela, China, Corea del Norte o Cuba; donde es evidente que el Estado ataca de manera consciente las posibilidades de Felicidad de los ciudadanos al margen de lo dispuesto por la autoridad. E incluso, en casos extremos como el de China o Corea del Norte, se busca activamente la Infelicidad de los gobernados, cuya vida parece querer teñirse de gris, cuando no de negro directamente.

Poder dedicarse a la Búsqueda de la Felicidad sin que ésta se te garantice tiene otras consecuencias. De modo que regresamos al pantanoso terreno de la Libertad y de la Justicia. Ya se sabe que para mi la Justicia es el primero de todos los valores y principios en los que sustentar la sociedad y por ende el Estado. Si se desprecia la Felicidad, se atenta contra la Justicia y contra la Libertad -pues no sería posible impedir la Felicidad activamente sin cercenar brutalmente la Libertad humana-. Así que todo lo que sea indiferencia hacia la Felicidad de los gobernados o guerra declarada contra la misma, me parece inadmisible. Y si se promete garantizar los bienes materiales necesarios para que pueda disfrutarse de una mínima Felicidad, pues ésto implica atacar directamente la Libertad; y atacar indirectamente la Justicia al pretender imponer la Felicidad a costa de libertades que no deberían de ser conculcadas (¿Es justo que se pretenda garantizar la Felicidad del ciudadano faltádole al respeto tutelándolo como si fuese menor de edad sometido a la patria potestad del poder político? ¿Es justo pretender proporcionar a todo el mundo sin reparar en los medios la "base material" supuestamente necesaria para ser feliz como si realmente todos mereciésemos ser felices? ¿No es eso mucho suponer?).

En verdad, la Búsqueda de la Felicidad presupone la existencia de un marco justo dentro del que el ciudadano, mínimamente protegido de los avatares de la vida (aunque bien, dentro de la reducida esfera a la que el Estado extiende dicha protección); puede hacer uso de una Libertad que también el propio derecho sobre el que hablamos le presume para llegar a alcanzar un objetivo que por otras vías solo puede conseguirse faltando a la Justicia y a la Libertad. Conclusión, que solo optar por reconocer el derecho a la Búsqueda de la Felicidad sin inventarse falsos derechos a la Felicidad a cargo del Estado nos permite aspirar a conseguirlo todo (la Felicidad) sin perder nada sin lo cual ese mismo todo quedaría realmente desvirtuado y hasta en peligro. Eso pienso.

Un abrazo a todos los lectores. Con ellos sea la bendición de nuestro Señor, Dios y Redentor Jesucristo.

miércoles, 22 de mayo de 2013

LO QUE PIENSO DE LAS AMENAZAS ABORTISTAS

A TODO EL QUE LE GUSTE LO QUE LEYERE, QUE LO DIVULGARA A TRAVÉS DE CUALQUIER MEDIO DISPONIBLE YO LE PIDIERE. ¡DIFUSIÓN ES PODER!

Aunque no es mi costumbre, hoy solo me limitaré a hacer un breve comentario a un artículo de otro autor, que no es otro que el (al menos de apariencia) joven Ricardo Latorre. Nunca lo he seguido mucho, pero hoy se ha lucido. Así que Dios se lo pague.

El enlace es el siguiente: http://www.intereconomia.com/blog/importante/amenazas-violacion-argumento-20130522


Artículo muy interesante que hace hincapié en una realidad de la que ya había oído hablar antes, y que parece que cada vez está más presente en el debate sobre ese mal despreciable que solo los insensibles o los monstruos son capaces de vender como conquista social: el gran mal del aborto. La realidad triste a la que hago referencias es la de las amenazas recurrentes contra aquellos que defendemos la vida y que creemos que no hay diferencia entre la vida humana dependiente del claustro materno y la vida humana independiente del mismo. Amenazas que ya no son solo de muerte, sino que últimamente van más allá. Cada vez es más frecuente enterarse de que un pagano abortista ha amenazado con violar a la hija de algún provida para que así éste se trague su oposición al aborto en caso de violación.

¡Desgraciados! ¡No somos tan necios como para culpar a esas pobres criaturas inocentes resultantes de esas hipotéticas violaciones del mal que haga la escoria humana que amenaza con llevar a cabo tal tipo de viles acciones! Escoria humana la antedicha que lo único que me inspira es repulsa mezclada con compasión. Dios les ayude, porque están enfermos del alma.

Me viene a la cabeza lo que le dice Liam Neeson a Jessica Lange en "Rob Roy". Por eso yo dejo bien claro que, si algún día algún cobarde de esos cumple sus amenazas, no será el niño el que haya de morir. Pero eso no significa que no tenga que morir nadie... Creo que, a tenor de lo que ya he escrito en entradas anteriores del blog, no es ningún secreto que yo soy muy favorable a la pena de muerte. Defender la vida y penar con la muerte, dos de las más poderosas razones que me mueven a reclamar la inmediata reforma de ese engendro jurídico, político y moral que es la aberrante Constitución que nos concedimos el día 6 de diciembre de 1978.


Un abrazo a todos los lectores, y que Jesucristo, el verdadero Dios, nos perdone y nos bendiga.

lunes, 20 de mayo de 2013

PANORAMA POLÍTICO ESPAÑOL (I). INTRODUCCIÓN

A TODO EL QUE LE GUSTE LO QUE LEYERE, QUE LO DIVULGARA A TRAVÉS DE CUALQUIER MEDIO DISPONIBLE YO LE PIDIERE. ¡DIFUSIÓN ES PODER!

Me parece ya muy lejano el momento en que escribí aquel primer artículo del blog (aparte de la presentación) en el que compartía con los lectores las esperanzas que me inspiraba el proyecto político que allá por esas fechas lanzaba Mario Conde: Sociedad Civil y Democracia (SCD). Aquello fue hacia el final de agosto de 2012.

Ya es mayo del año 2013. España sigue en manos de la casta política de siempre, anegada en el océano de corrupción rampante de los viejos oligarcas entronizados a raíz de la instauración de la Constitución que nos legó ese nefasto periodo de nuestra Historia que fue la Transición al juancarlismo. El Gobierno de Mariano Rajoy parece más exhausto que otro que hubiese durado tres veces más. No obstante, sigue aferrándose al cargo, luego no se ve que a quienes lo componen les haya sido de provecho esa lección que nos ha dado a todos Benedicto XVI al renunciar al ministerio petrino -en el que le ha sucedido el ya nuevo Papa Francisco- por falta de fuerzas. Sin duda alguna, las razones por las que nuestro actual Gobierno camina en el filo de la navaja son múltiples, y de muy distinto cariz unas y otras. Seguramente la más importante de todas es la que explica la misma exaltación al poder del PP. Ganaron por agotamiento del contrario, sin demostrar en ningún momento ser capaces de generar particular esperanza más que a los cuatro palurdos acérrimos que les seguirían votando aunque ordenasen el asesinato de toda su parentela (o precisamente por eso, que no hay que menospreciar el poder del masoquismo). El Congreso de los Diputados les dio su confianza, pero en ningún momento se han hecho acreedores de la confianza de la Nación, que no votó a Rajoy ni al PP, sino contra ZetaParo y contra el PSOE.

Eso ya debería bastar para entender porqué un Gobierno tan jóven -y cuya legitimidad, desde el punto de vista del propio sistema que aceptamos mansa e irreflexivamente el 6 de diciembre de 1978, es del todo indiscutible- parece morirse de esclerosis múltiple. Pero lo cierto es que Rajoy, digno sucesor de ZetaParo e indigno gobernante de una España en la que estoy seguro de que cree menos de lo que los españoles creen en él (y eso ya es decir), parece decidido a limpiar el recuerdo de su antecesor -a quien debe de apreciar más de lo que sugerían sus careos parlamentarios- batiendo todas sus marcas de desfachatez..., en la medida en que le deje una Alemania que quiere que le devuelvan su dinero y a la que le da igual qué excusas se pongan ahora por delante para no hacerlo al ritmo que ella quiere. De modo que el PP aparece en los últimos tiempos acorralado por todos lados. Ahí tenemos a Bárcenas, que con el asunto este de Gürtel y de la doble contabilidad pepera tiene agarrado en un puño a todo su antiguo partido; o a Mato, con su marido enfangado hasta el cuello en la trama antedicha. Las mentiras de Mariano Rajoy en prensa, diciendo que no sube los impuestos para luego subirlos el fin de semana. Los desencuentros entre De Guindos y Montoro (que parece que hubiera desposeído al anterior de su cartera). Las palabras despectivas de Alfonso Alonso hacia la Iglesia, demostrando lo poco que le importa el que los católicos practicantes o mínimamente firmes en su fe hayan sido hasta ahora votantes del PP. El espectáculo lamentable de Asturias, donde el PP desde 2010 en adelante ha tirado a la basura una Autonomía prácticamente segura. La cobardía demostrada por el Gobierno ante el desafío secesionista de Artur Mas en Cataluña. Las reiteradas e imbéciles declaraciones del peor ministro de este Gobierno, que es seguramente Margalló, reclamando constantemente la disolución de la nación española en el seno de una UE dentro de la que parecemos estar condenados a ser no más que una provincia periférica de segundo o tercer orden subordinada a los intereses de Berlín. En fin, no sigo haciendo la relación de los desastres provocados en este año y medio por el PP porque si no no terminaría nunca.

Sin embargo, el PP no es el único que en estos momentos está enfangado en el más deleznable lodazal de corruptela y falta de rumbo. Los EREs, el caso Faisán y los problemas con el PSC por su inestable postura en relación con la autodeterminación catalana tienen acorralado al PSOE. El primero de los casos citados IU. La familia de los Pujol, patrones del secesionismo en Cataluña, ha quedado a la altura de los Corleone (aunque sin el estilo que transmiten éstos en la célebre trilogía de Coppola). Los sondeos de opinión marcan un acusado retroceso de los dos grandes partidos, pero PP y PSOE siguen sumando más de la mitad del electorado..., peor aun, siguen ganando elección tras elección. Ahí está la mayoría absoluta reciente del pepero Feijóo en Galicia para demostrarlo, la resistencia del PSOE en su feudo andaluz, y la renovación -pese al relativo descalabro electoral- del mandato de Artur Mas en Cataluña (en donde CiU ha doblado en diputados a la segunda fuerza más votada).

Por si esto fuera poco, las formaciones que en los sondeos de opinión se benefician del descenso en la intención de voto para PP y PSOE no son precisamente las que yo diría que encarnan la renovación del sistema, sino más bien su perpetuación. Mismo perro con distintos collares. Rotos el azul y el rojo, lo sustituímos por el magenta de UPyD, o por el collar lleno de pulgas socialistas que es IU. Todo sea dicho, creo que el ascenso de UPyD no dejaría de implicar una mejora, en tanto que, pese a ser en sus políticas sociales (no tanto en las económicas) del tenor del peor PSOE, es un partido comprometido con la unidad nacional (terreno en el que, no obstante, peca de menosprecio hacia toda la pasada Historia de España y de adscripción al concepto francés de nación como mero contrato entre ciudadanos), con la lucha contra el terrorismo, y con el apoyo al exilio democrático cubano y la firmeza frente al totalitarismo castrista. En definitiva, que nunca recomendaría el voto a UPyD, pero que reconozco que me alegra que crezca a costa del PPSOE.

Resumiendo, que no crecen verdaderas alternativas que fomenten una auténtica enmienda a la totalidad de esta putrefacta ciénaga partitocrática en que se ha convertido España. Lo que es muy triste, porque la cosecha sigue siendo desoladoramente magra, pese a que difícilmente ha estado nunca la tierra tan abundantemente abonada como lo está ahora, razón por la que el que escribe entiende que podría esperarse otra cosa muy diferente y mucho mejor.

viernes, 17 de mayo de 2013

LOS PEPEROS MÁS AMIGOS PODRÍAN SER LOS MÁS IMPRESENTABLES

https://atelieropenaccess.com/products/la-reforma-electoral-en-serio-propuestas-de-mejora-de-la-representacion-parlamentaria
He aquí una nueva, interesante y audaz propuesta de reforma en clave vanguardista del sistema electoral español, que el autor afirma que cabría dentro de la Constitución. Mejor que todo lo que hayan visto antes. Pero, sobre todo, diferente. ¡Y falta hace!

[Antes de leer este artículo, échenle un vistazo a este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=3QAekd5A1iI]

Esto dice Mayor Oreja:

http://digitalextremadura.com/not/37812/jaime_mayor_oreja___los_cristianos_tenemos_que_perder_el_miedo_al_que_diran_por_defender_nuestros_valores_/

Y esto le contesto yo a Mayor Oreja (y no solo a él):

¡No, hijo, no! En España y en el resto del mundo los cristianos lo que tenemos que perder es el miedo a abandonar a los PP de turno, que son partidos políticos desde los cuáles está demostrado que desde hace decenios es del todo imposible la defensa de los valores cristianos en la sociedad. No digo ya la expansión de los mismos. Que, aparte de ser su mejor defensa (¿qué mejor defensa que un buen ataque?), es el deber moral de cada cristiano, por ser la nuestra una religión universal y eminentemente proselitista (NOTA DEL AUTOR: mantengo lo dicho, pese a las palabras recientes del Santo Padre Francisco en relación al proselitismo -que me imagino estaba entendiendo en el sentido en el que lo practican las sectas protestantes y pseudocristianas de nueva generación-, y no en el sentido que le da la el diccionario de la RAE -y es que, al fin y al cabo, la infalibilidad papal no abarca las cuestiones lingüísticas-).

Jaime Mayor Oreja, que sepas que tanto tú como Vidal-Quadras sois lo más sospechoso políticamente hablando que existe en este país. Porque siempre os estais metiendo con vuestro partido, pero luego no solo no salís de él, sino que hasta tenemos que escuchar cómo Vidal-Quadras nos dice que él se siente cómodo en el PP, y que el que no se tiene que sentir cómodo es Montoro (lo que da que pensar, porque hasta ahora yo siempre creía que cuando te hacen ministro es porque tu partido y tu líder -que a fin de cuentas en este país vienen a ser exactamente lo mismo- te aprecian; y siendo Montoro evidentemente más apreciado en el PP que Vidal-Quadras, sorprende que el segundo se atreva a intentar convencernos de una majadería tan grande como la de pretender que él es el que está "cómodo" y el otro el que está "incómodo" en su ministerio).


En definitiva, que los motivos de vuestra actitud son francamente dudosos. Puede ser que penseis sinceramente las cosas que decís, pero que seais unos cobardes. Y que como tales cobardes prefirais la seguridad que porporciona ser parte, aunque ignorada, de un partido hegemónico como es el PP dentro de este sistema actual de PPSOEcracia. O puede ser que seais unos falsos de cuidado y que no penseis para nada las cosas en que decís que creeis. Y que por eso, pese a lo duro de vuestras críticas contra el partido, no se os eche. Porque servís de globos sonda mediante los cuáles conseguís mantener cautiva a la base católica practicante que constituye seguramente en torno al 20% de los votos del PP, evitando que constituyan una alternativa política independiente. Porque, al fin y al cabo, actuaríais sin hacer otra cosa que seguir las órdenes de esa misma directiva de la que os la pasais echando pestes.



Tampoco sería imposible que la verdad se sitúe en un punto intermedio, y que sea una mezcla de las dos tesis esenciales anteriormente expuestas. Aunque, con toda sinceridad, no veo el menor motivo para plantearme ni siquiera por un segundo que esa tercera alternativa sea posible. En relación con lo que aquí se habla, yo creo que lo más probable es que seais una cosa o toda la contraria. O bien católicos cobardes, o bien paganos disfrazados para confundir en materia política al rebaño del pueblo de Dios. En cualquier caso, un mal ejemplo para todos los católicos y para todos los hombres, y dos individuos indignos por tanto, en tanto permanezcan en esa actitud, de ser seguidos por nadie, y mucho menos por aquellos que al único al que tenemos que seguir es a Cristo mediante la fidelidad a su Santa Iglesia (que, todo sea dicho, en España no parece saber discernir muy adecuadamente los intereses de la Verdad que profesamos; como lo demuestra el hecho de que ponga la 13TV al servicio de los designios bastardos del enemigo -pues eso es el PP, que no es para nada un mal menor, sino más bien un enemigo tan feroz de la Iglesia como el mismo PSOE con el que tan perfectamente se complementa-).



De todos modos, es tristísimo tener que reconocer la aseveración que constituye el título del artículo y su conclusión final: que los peperos más amigos podrían ser los más impresentables de todos. Dios quiera que no lo sean, y que quien os escribe esté gravemente equivocado.

jueves, 16 de mayo de 2013

MALOS VIENTOS SOPLAN PARA OBAMA. BREVE REPASO A LA HISTORIA DE LOS IMPEACHMENT

A TODO EL QUE LE GUSTE LO QUE LEYERE, QUE LO DIVULGARA A TRAVÉS DE CUALQUIER MEDIO DISPONIBLE YO LE PIDIERE. ¡DIFUSIÓN ES PODER!

Malos vientos soplan para el Presidente Barack Hussein Obama. Cuando parecía que el escandalo motivado por el ataque yihadista al consulado americano en Bengasi se había diluído como consecuencia del transcurso del tiempo, recientes revelaciones hechas al respecto parecen desmentir la posición oficial que el Gobierno federal mantiene sobre lo que sucedió. En definitiva, que hay razones serias para creer que posiblemente el Presidente Hussein ha mentido al pueblo estadounidense. Cosa que en nuestra España la casta política hace todos los días sin que a nadie parezca importarle (ahí están, que los seguimos votando). Pero que en los EEUU en general suele parecerle muy mal a la gente, que es bastante más celosa de sus derechos que aquí (digo de aquellos entre sus derechos que de verdad importan; pues aquí nos manifestamos mucho, pero solo para que se mantenga el "panem et circenses", el cachondeíto de que seguimos creyendo erróneamente que nos hemos beneficiado durante las últimas décadas).

Por si todo lo antedicho os pareciera poco, se han juntado con el Bengasi-gate otros dos escándalos de cierta importancia. Uno relativo a escuchas a la prensa, pues según parece las comunicaciones de un gran número de periodistas fueron intervenidas por una agencia federal. Y otro relativo a espionaje fiscal y trato discriminatorio a organizaciones cercanas al Partido Republicano y al Tea Party.

Los escándalos de que hablo pueden prender una mecha peligrosa para el Presidente si éste no consigue desmarcarse de las actuaciones de sus subornidados de una manera convincente. Por primera vez desde que Hussein es Presidente parece ser que se escucha con fuerza la palabra "impeachment" (enjuiciamiento o destitución). No sería la primera vez que en los EEUU se hace uso de tan formidable mecanismo de control de los excesos del poder ejecutivo.

Ya en 1868 se votó la destitución de Andrew Johnson, Vicepresidente del gran Abraham Lincoln e indigno sucesor de éste en la presidencia. No se aprobó el impeachment por un solo voto. Anécdota graciosa que vale la pena contar relacionada con este suceso es que en aquel entonces, cuando un Vicepresidente cesaba en su cargo (por muerte, dimisión o ascensión a la Presidencia), no se nombraba a ningún otro Vicepresidente para que lo sustituyera. De manera que Andrew Johnson no tuvo ningún Vicepresidente que lo acompañase al frente de la Unión Federal. Por lo tanto, el que habría sustituído a Johnson en caso de que hubiese salido adelante el impeachment habría debido de ser el Presidente pro tempore del Senado, que entonces era Benjamin Wade. Wade estaba tan convencido de que Johnson sería destituído que hasta había nombrado su Gobierno. Así que no me quiero imaginar el careto que debió de poner cuando le anunciaron que, después de todo, no sería Presidente de los EEUU.

Posteriormente, algo más de un siglo después, el Congreso, a causa del célebre escándalo Watergate, decidió aprobar el inicio del proceso de impeachment contra Richard Nixon. Nixon, que ya había tenido que sacrificar a su Vicepresidente, Spiro Agnew (sustituído por Gerald Ford, el primer Vicepresidente de la Historia de EEUU no elegido directamente tras las elecciones para su cargo) consciente de que no había nada que pudiera hacer para evitar ser destituído por el Congreso, decidió dimitir para evitar la deshonra de pasar a la Historia como el primer Presidente estadounidense destituído de la Historia. No creo que hacerlo le ayudase en nada. Al fin y al cabo, ha pasado a la Historia como el único Presidente dimitido hasta la fecha. Fue sustituído por Gerald Ford (que de éste modo se convirtió en el único Presidente que ascendió al cargo sin haber sido formado parte del ticket presidencial votado por los ciudadanos en las elecciones). De todos modos, es interesante comprobar hasta qué punto el de Nixon no era un problema de popularidad. A diferencia de Andrew Johnson, que no había sido electo para su cargo por el Colegio Electoral, Nixon si había sido elegido por éste, habiendo ganado en 49 de los 50 Estados y con casi un 61% de apoyo popular. El dato no solo es interesante, sino que lo cito para que entendamos que el propio Hussein, que es el que motiva la presente entrada del blog, ya querría para si un apoyo popular de tamaña magnitud. Bueno, él y cualquier candidato presidencial estadounidense desde los días posteriores al gran Ronald Reagan.

El último impeachment que ha tenido lugar hasta el momento presente en los EEUU fue el que se dirigió en 1999 contra Bill Clinton. Lo cierto es que, aunque se llegó a la votación, el Presidente no corrió peligro real de ser destituído, y sus oponentes se quedaron muy lejos de conseguir la cifra de votos requerida para apearlo del Despacho Oval. Mis sentimientos respecto de aquel impeachment están un tanto encontrados. Por un lado, creo que Clinton merecía ser destituído (igual que Nixon; mientras que el caso de Andrew Johnson me despierta no pocas dudas, aunque creo que también habría sido conveniente destituirlo). Cometió perjurio y obstrucción a la Justicia. Y lo peor del caso es que esto es algo que reconoció con posterioridad a su salida del cargo. Objetivamente merecía ser destituído de su cargo, porque su palabra carecía de todo valor. Y el solito se lo buscó. Porque lo de la Lewinsky, por si solo, no servía para destituirlo, por inmoral o no que nos parezca. Pero en el momento en juró decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad con la ayuda de Dios para acto seguido hacer todo lo contrario, en ese momento demostró que, igual que ese juramento no tenía valor para él, tampoco había razón para suponer que el juramente que prestó para acceder a su cargo le pareciera más valioso.

Sin embargo, es cierto que en caso de que Bill Clinton hubiera sido destituído, el Vicepresidente Al Gore habría asumido su lugar como Presidente. De manera que su nombre habría figurado junto al de los otros 42 ocupantes de la Casa Blanca que lo precedieron. Puede que luego Bush lo hubiese derrotado igual. Pero creo que el de figurar entre los Presidentes de EEUU es un honor que Al Gore ciertamente no merecía (ideológicamente hablando parece una especie de anticipo de la radicalidad ultraestatista que llegaría al poder de la mano de Hussein el liberticida).

No se si se dará inicio a un procedimiento de impeachment contra Hussein. Si se dos cosas. Una, que si se inicia tal procedimiento espero que sea para que el Congreso lo lleve hasta las últimas consecuencias y destituya al Presidente. Y dos, que si el Presidente es cesado me gustaría que lo sucediese en su alto cargo el republicano John Boehner, mejor que el demócrata Joe Biden. Contra el que bien podría iniciarse también proceso. Al fin y al cabo, si Hussein sabía lo que hacían sus subordinados, ¿no iba a saberlo su leal Vicepresidente?